Novela de Keith Luger (Miguel Oliveros Tovar, 1924-1971) publicada en 1964 por Editorial Bruguera en la colección Bravo Oeste con el número 163. Tiene 124 páginas y costaba 8 pesetas.
La historia comienza cuando Boris Leman, tras ser víctima de un robo planeado por una banda de estafadores, se ve envuelto en un complot mucho mayor orquestado por el poderoso William Shanon en Abilene Valley. Shanon, bajo una fachada de respetabilidad y filantropía, contrata a dos forajidos para volar una presa, provocando una inundación que ahoga a diez mil reses de los rancheros locales. El objetivo de este fraude es apoderarse de los animales muertos para lucrarse con la venta masiva de sus pieles, presentándose ante el pueblo como un salvador que limpia el valle de la carroña mientras oculta su responsabilidad en el desastre.
El conflicto se intensifica con la llegada de Jerry Muller y Oscar Floot, dos buscavidas que, haciéndose pasar por inspectores de sanidad, intentan chantajear a Shanon por el riesgo epidemiológico de las reses. Aunque inicialmente encuentran la hostilidad de Jacqueline Norris, una ranchera que cree en la bondad de Shanon, Jerry logra descubrir la verdad tras recibir un telegrama que vincula al magnate con un crimen similar en otra localidad. La trama culmina en un violento enfrentamiento en el rancho de Shanon, donde, tras un intento fallido de envenenamiento por parte del villano, Jerry y sus compañeros logran desenmascarar el fraude, acabando con la vida de Shanon en un tiroteo y decidiendo ayudar a los rancheros a recuperar sus pérdidas.
El relato de Keith Luger presenta una interesante crítica a la falsa respetabilidad, donde el verdadero criminal no es el estafador ambulante, sino el magnate que utiliza su posición social y su influencia política para saquear a una comunidad vulnerable. Existe una ironía moral en el hecho de que sean impostores y tahúres quienes finalmente hagan justicia, demostrando que en el Viejo Oeste la línea entre la legalidad y la delincuencia era sumamente delgada. La obra destaca cómo el egoísmo corporativo de Shanon, disfrazado de caridad, es mucho más destructivo que los pequeños robos, pues es capaz de arruinar el sustento de todo un valle para satisfacer una ambición personal desmedida.
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