La novela Lo siento por tus huesos narra la sangrienta persecución de una banda de criminales despiadados que, tras masacrar a una familia en un rancho californiano y asaltar un banco en San Bernardino, toman como rehén a una mujer llamada Jezabel Narrow. El encargado de darles caza es Murder, un detective privado con un historial de expulsiones de diversos cuerpos policiales debido a su "gatillo fácil", quien trabaja extraoficialmente para el sheriff Wonder para realizar los "trabajos sucios" que la ley no permite a los agentes convencionales. Murder rastrea a los delincuentes a través del desierto y diversos refugios, enfrentándose a peligros que van desde ataques con serpientes venenosas hasta trampas en comunidades de drogadictos.
El clímax de la obra se desarrolla en los estudios de la Universal Pictures en Hollywood y en un centro de rehabilitación, donde Murder logra eliminar a los miembros de la banda: Indio muere en un foso de cal viva y Carnicero junto a su cómplice Sonia perecen en una explosión de gasolina. Sin embargo, la historia da un giro inesperado cuando Murder descubre la trama de corrupción política subyacente: el influyente político Cramer, quien fingía ayudarle, era en realidad el cerebro tras los crímenes. Cramer buscaba eliminar a un abogado rival que poseía pruebas contra él, y la supuesta rehén, Jezabel Narrow, era su cómplice activa; la obra concluye con Murder ejecutando a ambos en un último enfrentamiento antes de buscar refugio en la compañía de la secretaria de Cramer.
Lo siento por tus huesos es un ejemplo canónico del estilo de Silver Kane dentro del género de los bolsilibros de quiosco, caracterizado por una narrativa trepidante, una violencia descarnada y un cinismo absoluto que bordea lo paródico. El protagonista, cuyo nombre mismo es "Asesinato" (Murder), representa el arquetipo del anti-héroe "hard-boiled" que opera al margen de la ley para imponer una justicia brutal que el sistema judicial, según la visión del autor, es incapaz de ejecutar. La conclusión, que vincula la delincuencia más sórdida con las altas esferas del poder político, revela la faceta de novela negra de corte social que González Ledesma imprimía en sus obras, sugiriendo que el verdadero horror no reside solo en los criminales de baja estofa, sino en la corrupción de las instituciones que deberían proteger a la sociedad.













