Novela de Marcial Lafuente Estefanía publicada en 1958 por Editorial Bruguera dentro de la colección Héroes del Oeste con el número 3. Hemos revisado una reedición de 1970 publicada en la colección Oeste legendario con el número 118. Tiene 124 páginas y costaba 10 pesetas.
En Lees Ferry, un pueblo tranquilo junto al Gran Cañón del Colorado, el ranchero Melvyn Creek encuentra un trozo de cuarzo aurífero. La noticia desata una fiebre del oro que enfrenta a mineros, forasteros y vaqueros, con el pueblo entero dispuesto a despojar de sus tierras a Steve Nerwick, un mestizo navajo ausente desde niño. En medio del caos aparece un falso Steve, acompañado de Paul, el antiguo capataz, y de un grupo de falsos alguaciles. El verdadero Steve reaparece como «Halcón», criado entre los hopis y rápido con las armas. Desenmascara la impostura, respeta las parcelas de los buscadores y reparte el oro sin quedarse con comisiones.
Jack Berry, el matón que explotaba el filón, se alía con los navajos, que atacan el rancho y el pueblo y causan una matanza. Los hopis, aliados de Steve, los rechazan, y los impostores huyen hacia el Gran Cañón. Steve y su amigo Cóndor los persiguen. Tras un tiroteo nocturno en el que mueren Jack, Paul y los falsos alguaciles, Lauren O'Hara, el falso Steve, cae malherido y confiesa el engaño antes de morir. Steve le ofrece hogar a Violeta Wood, la joven que ha perdido a su padre, y la novela termina con la promesa de romance.
Es un western clásico de Marcial Lafuente Estefanía, ágil y bien ritmado. Lo mejor es el escenario, que el autor reivindica en el preámbulo, y la mezcla de historia, geografía y fantasía. También funcionan la suplantación de identidad y la psicología de masas de la fiebre del oro, sobre todo cuando el narrador se detiene a reflexionar sobre ella. Sin embargo, la trama se apoya en fórmulas muy gastadas: el pistolero invencible que nunca falla, los villanos planos y un desenlace casi mecánico. El tratamiento de los indígenas oscila entre la simpatía del autor por los hopis y los estereotipos de «salvajes» crueles aplicados a los navajos, y Violeta queda como premio romántico de la aventura. Por lo que leí, además, el título apenas se justifica dentro de la historia. Como entretenimiento popular de su época cumple, pero rara vez va más allá del género.



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