Novela de Alan Parker (Carlos Echevarría Alonso, 1932-?) publicada en mayo de 1982 por Ediciones Ceres en la colección Doble juego con el número 9. Tiene 95 páginas y costaba 60 pesetas. Enrique Martín ilustra la cubierta.
La novela se abre con la final de la Copa de Inglaterra en Wembley. Joy Baxter, la estrella de los London Eagles, juega hundido por el miedo mientras la novela retrocede unos meses. Joy era la figura del modesto Chatham Albion, tímido y disciplinado, hasta que una lesión grave y un posible fichaje por los Eagles lo lanzan a Londres. Allí conoce la fama, el dinero y la soledad. María, una joven italiana de su pueblo con quien tuvo su primera experiencia sexual, reaparece enganchada a la heroína y le saca cinco mil libras. Después Joy debe pagar otras siete mil a los traficantes que la retienen, y la echa de su casa asqueado. Ya convertido en ídolo, su amigo Jeff Malone lo lleva a casa de madame Cloud, donde conoce a Monique, una prostituta de lujo francesa. Joy se obsesiona con ella y la lleva a vivir a su apartamento. Monique, además, se droga a escondidas y la maneja su proxeneta, Guido Scopola. Joy empieza a rendir mal, el periodista Ratón McPhilips lo descubre, y tras una derrota humillante y una pelea en el club nocturno Papillon, donde reencuentra a María, Joy desaparece.
Joy se esconde con María en una casa de Greenwich, bebe sin parar y se hunde, mientras el club, la prensa y la policía lo buscan. María le echa en cara su cobardía y le recuerda que se debe a su público. Entonces llegan el entrenador Gilmore y un sargento de Scotland Yard, y se lo llevan. El epílogo vuelve al partido de Wembley. Joy cabecea, marca, resurge y gana. McPhilips, que antes lo había destrozado en sus artículos, escribe una crónica titulada "El regreso del héroe".
Es una novela popular de su tiempo, de lectura ágil y estructura correcta. El marco inicial en Wembley, el flashback y el cierre circular funcionan, y los partidos están narrados con energía. Pero el título promete más de lo que da. La droga es casi un decorado: María y Monique son adictas y nada más, y el libro nunca explora la adicción ni a las personas que la sufren. Lo que arruina a Joy es el sexo y la fama, y la novela lo dice sin rodeos al comparar a Monique con "una droga". Eso revela su moral, más sermoneadora que reflexiva. Las mujeres son tentación o redención. Monique es la "mujerzuela" que destruye al héroe, y María, también adicta, es la que lo salva, y su propio tratamiento se queda sin resolver, igual que el destino de Monique y Guido. La lección final también es discutible: Joy no se recupera por sí mismo, sino porque "se debe a su público". El personaje es plano y su caída y su redención llegan demasiado rápido. Como curiosidad de época, de la literatura de kiosco de los ochenta, tiene cierto interés. Como novela sobre la fama o sobre las drogas, se queda en la superficie.







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