Novela de Marcial Lafuente Estefanía publicada por Editorial Bruguera en abril de 1979 dentro de la colección Hombres del Oeste con el número 339. Tiene 95 páginas y costaba 30 pesetas. Existe una edición anterior publicada en 1972 en la colección Centauro.
La trama se inicia en Butte, donde Helen, una cantante de saloon, decide abandonar el local de Frank Dantin tras presenciar su trato abusivo hacia las empleadas y negarse a cantar canciones picarescas. Ante las calumnias vertidas por Frank, el abogado Henry Croissat y el técnico minero John Durrant para manchar su honor, Helen responde con una contundente lección de justicia personal, marcando los rostros de los tres hombres con un látigo antes de refugiarse en el rancho Bar-L. Este acto de dignidad la sitúa en el centro de una conspiración, ya que sus enemigos, movidos por el despecho y la codicia, intentan no solo vengarse de ella incriminándola en atracos, sino también apoderarse de las ricas vetas de cobre del rancho mediante fraudes financieros y una estafa masiva con acciones mineras.
El conflicto alcanza su clímax con el regreso de Larry Gale, dueño del Bar-L, y la intervención de Andy, un periodista que actúa como un inesperado y letal protector de los protagonistas. Mientras los villanos planean una fusión fraudulenta entre compañías mineras para estafar a los inversores antes de huir, la violencia estalla cuando intentan agredir a las mujeres que ayudaron a los héroes. Finalmente, la justicia se impone de forma expedita: Andy ejecuta a Frank y a sus sicarios tras una brutal provocación, mientras que But Allister, el hábil capataz del rancho, desenmascara a los supuestos empresarios como peligrosos forajidos de Denver y los abate en defensa propia, permitiendo que Larry y Helen encuentren un futuro común basado en la honradez.
"La canción del látigo" es un exponente clásico de la novela del Oeste de Marcial Lafuente Estefanía, donde la justicia poética y la defensa del honor actúan como motores de la narrativa. La obra resulta interesante por su crítica a la corrupción financiera, personificada en figuras que, bajo la apariencia de respetabilidad (abogados y directivos mineros), esconden un pasado criminal y una falta total de escrúpulos. El autor establece un marcado contraste entre la moralidad del rancho y la decadencia de la ciudad, utilizando a personajes como Helen y But para representar una integridad que no se doblega ante la intimidación. Aunque la resolución de los conflictos recae en una violencia extrema, esta se presenta como la única herramienta eficaz en un entorno donde la ley institucional es manipulable por los poderosos. En definitiva, es un relato ágil que, a pesar de sus personajes arquetípicos, ofrece una visión fascinante sobre la lucha entre la codicia corporativa y la dignidad individual en la frontera estadounidense.






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