Novela de John A. Lakewood (Juan Alarcón Benito, 1923-?) publicada en 1968 por Editorial Rollán en la colección Agente Federal FBI con el número 91. Tiene 127 páginas y costaba 10 pesetas.
La historia sigue a Robert Baker, un agente del FBI en Londres durante una densa y letal niebla invernal, quien se ve envuelto en un misterio tras socorrer a Dorothy Toombs, una joven apuñalada en Piccadilly Circus. Baker lleva a la víctima a la casa del psiquiatra William Sanderson, quien inesperadamente termina siendo acusado por la joven del asesinato de su padre, Richard Toombs. A pesar de que pruebas físicas —como un cuchillo con las iniciales «W. S.» y un botón de chaqueta encontrado en la escena del crimen— parecen incriminar irremediablemente a Sanderson, Baker desconfía de la evidencia y colabora con el inspector Alexander Dixon de Scotland Yard para desentrañar una compleja red de espionaje internacional interesada en un detonador atómico estadounidense.
Tras el rapto de Dorothy por parte de gángsters estadounidenses liderados por Fred Dermont, Baker utiliza métodos expeditivos y arriesgados para localizar la base de los criminales y descubrir que el asesinato de Richard Toombs no fue un simple robo, sino un intento de silenciar sus investigaciones sobre el tráfico de estupefacientes. La investigación culmina en un sanatorio psiquiátrico donde Baker desenmascara al verdadero cerebro criminal: Kingsbury Devoe, colega de Sanderson, quien había suplantado la identidad del médico y fabricado las pruebas en su contra para ocultar que su red de narcotráfico era solo una fachada para el espionaje político. Baker logra abatir a Devoe, rescatar a Dorothy y limpiar el nombre de Sanderson, concluyendo la misión con la promesa de una nueva vida para la joven en Nueva York.
La obra utiliza la niebla londinense no solo como un elemento atmosférico, sino como una metáfora de la ambigüedad moral y la confusión de pistas que domina la trama. El conflicto central se nutre del choque cultural entre los métodos "gangsteriles" y directos del FBI representados por Baker, y la flema puritana y legalista de Scotland Yard personificada en Dixon. Aunque la trama se apoya en coincidencias algo forzadas para incriminar a Sanderson, destaca por cómo logra entrelazar un drama criminal de bajos fondos con la alta política de la era nuclear, sugiriendo que el verdadero peligro no reside en el criminal común, sino en la corrupción de las élites intelectuales que, como Devoe, operan desde las sombras de instituciones respetables.













