Novela de Tex Taylor (Mario Calero Montejano) publicada en 1955 por Editorial Bruguera en la colección Búfalo con el número 85. Tiene 121 páginas y costaba 5 pesetas. Antonio Bosch Penalva ilustra la cubierta.
El bandido narra la llegada a Cañón City de Ray Niven, un pistolero legendario que años atrás fue indultado por el gobernador tras acabar él mismo con la banda criminal que usurpaba su nombre para cometer fechorías. Desde su entrada al pueblo montado en su caballo "Comet", Ray provoca temor y fascinación a partes iguales: su destreza con el revólver es tan absoluta que resuelve un incidente violento en una fonda sin apenas despeinarse, pero ese mismo gesto lo enfrenta a Sonja Callahan, una joven que lo acusa de ser un matón vanidoso escudado en su reputación. El choque entre ambos, marcado por insultos, un forcejeo con un revólver y un beso forzado que indigna a la chica, siembra la tensión romántica que atraviesa toda la novela.
A partir de ahí la trama se complica: Ray es arrestado, juzgado de forma sumaria por un juez sin formación legal y condenado a trabajos forzados, aunque él mismo sabe que podría escapar cuando quisiera. Entra en juego Pierre Mably, el untuoso dueño del salón "Lovely", que se muestra excesivamente servicial con Ray y le ofrece ayuda para fugarse, revelando poco a poco ser el auténtico cerebro criminal detrás de la inseguridad del pueblo, incluido un plan para secuestrar a Sonja como forma de presión. La novela avanza entre fugas, emboscadas, el enfrentamiento con la autoridad local (el alguacil Ball y el alcalde Wigton) y el desenmascaramiento final de Mably, hasta finalizar con la reconciliación de Ray y Sonja, que termina aceptando convertirse en "la esposa de un bandido".
Se trata de una novela del Oeste muy representativa de las colecciones populares españolas de la época: prosa ágil y dialogada, arquetipos muy marcados (el pistolero de moral intachable pese a su fama, la heroína orgullosa que debe ser "domada", el villano de modales exquisitos que oculta su maldad) y una estructura previsible de acción-romance-resolución. Su valor no está en la originalidad de la trama ni en la profundidad psicológica de los personajes —Sonja, por ejemplo, pasa de la indignación al enamoramiento sin una transición muy elaborada, y las escenas de "sometimiento" mediante besos forzados se leen hoy como profundamente problemáticas—, sino en su eficacia como entretenimiento de género: ritmo, diálogos vivos y un antagonista cuya doble cara mantiene cierto suspense hasta el final.





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