Novela de Roy Silverton (Salvador Dulcet Altés, 1914-1987) publicada por Ediciones Toray en 1971 en la colección Espacio con el número 518. Tiene 127 páginas y costaba 10 pesetas. Rafael López Espí ilustra la cubierta.
La expedición científica del profesor Julius Weltz, el periodista Terence Lee y el piloto Tony Reeds en el océano Pacífico toma un giro inesperado cuando, a ocho mil metros de profundidad cerca de la fosa de Tonga, descubren huellas humanas y a una mujer llamada Mowena caminando por el lecho marino. La situación se complica cuando una voz externa, perteneciente a un ser llamado Hiklos, interfiere las comunicaciones y toma el control del batiscafo, arrastrándolos hacia las profundidades de una gruta submarina. Mowena, quien inicialmente afirma provenir de un planeta llamado Atlántida en la galaxia de Andrómeda, revela ser una agente secreto de un mundo llamado Bohén, envuelta en una lucha contra Hiklos, un habitante del planeta rival Zelthon, cuya apariencia física es la de un gigante con cabeza desproporcionada y extremidades deformes.
Tras escapar de una trampa de rocas gracias a la tecnología de ondas «antipresión» de Mowena, el grupo llega a un islote donde se produce el enfrentamiento final. En este punto, se descubre que Tony Reeds, el piloto, es en realidad un infiltrado de Zelthon que actuaba como enlace traidor, identificado por un tatuaje de una flor de lis en su brazo. En medio de un duelo de poderes mentales entre los extraterrestres, Terence Lee logra derrotar físicamente a Hiklos disparándole un arpón mecánico a la garganta. Finalmente, Mowena recupera una nave espacial, toma a Hiklos y al traidor Reeds como prisioneros y parte de regreso a su galaxia, dejando a Weltz y Lee cerca de San Francisco con la instrucción de considerar lo ocurrido como un sueño, aunque ellos deciden informar del secreto a las autoridades de su país.
Narración clásica de ciencia ficción de estilo "pulp", donde se entrelazan mitos antiguos como la Atlántida con elementos de espionaje intergaláctico. Es notable cómo el autor utiliza la agresividad deportiva y la astucia del periodista Terence Lee como el factor resolutivo frente a la superioridad tecnológica y mental de los extraterrestres, sugiriendo que la intuición humana puede superar incluso a civilizaciones avanzadas. Sin embargo, la resolución del conflicto depende de giros de guion algo fortuitos, como la revelación de la verdadera identidad del piloto, lo que refuerza una estructura de suspense basada en el engaño y las identidades ocultas. Este tipo de literatura de los años 70 reflejaba a menudo las tensiones de la Guerra Fría mediante la metáfora de conflictos entre planetas vecinos.












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