Novela de Robert W. Krepps (1919-1980) publicada en 1967 como novelización del guión escrito por Edward Anhalt para el film del mismo título dirigido por John Sturges.
La novela arranca en el momento exacto del famoso tiroteo del O.K. Corral, en Tombstone, Arizona, en octubre de 1881. Wyatt Earp, sus hermanos Virgil y Morgan —ambos con cargos de marshal—, y el jugador y pistolero Doc Holliday, tuberculoso y bebedor empedernido, se enfrentan a la banda de los Clanton y los McLowry. El resultado es un baño de sangre que deja tres muertos del bando enemigo, pero el patriarca Ike Clanton escapa sin disparar un solo tiro: su estrategia no es el enfrentamiento directo sino la manipulación política y legal. Desde ese momento, Ike moviliza al sheriff Bryan, al alguacil Stilwell y a otros cómplices para llevar a los Earp ante los tribunales acusados de asesinato, mientras financia la candidatura de Pete Spence al puesto de marshal para desbancar a Virgil. El juicio, que el juez Spicer termina por desestimar, no es sino el primer episodio de una guerra en que la ley resulta tan ineficaz como un revólver descargado: los testigos se compran, los aliados de Clanton gozan de impunidad y la violencia regresa con la emboscada a Virgil —destrozado de por vida— y el asesinato de Morgan, abatido a tiros mientras jugaba al billar. Cada crimen queda sin condena legal, cada juicio acaba en absolución.
Cuando Wyatt comprende que el sistema que ha servido fielmente no puede proteger a los suyos, emprende una cacería de venganza que lo lleva hasta México. Uno a uno van cayendo Stilwell, Warshaw, Curly Bill Brocius y los demás pistoleros de Clanton, en una persecución implacable que Wyatt ya no realiza en nombre de la ley sino de su propio dolor. Doc Holliday, a pesar del avance irreversible de la tuberculosis, lo acompaña hasta el final: en la hacienda donde se ha refugiado Ike, lanza una botella al suelo en el último instante para alertar a Wyatt de que Clanton le apunta por la espalda, salvándole la vida a costa de desvanecerse en el suelo. Wyatt mata a Clanton con una brutalidad que sobrepasa cualquier noción de justicia legal. Después deposita a Doc en un sanatorio de montaña, guarda el cinturón de pistolero en las alforjas, devuelve la placa y parte hacia ningún lado. Doc, con los pulmones a punto de ceder, juega al póker con un anciano celador y mira desde la terraza cómo el perfil de Wyatt se reduce hasta desaparecer en la ladera nevada.
Escrita como novelización del guion de Edward Anhalt para la película homónima, Hour of the Gun funciona ante todo como desmitificación del western clásico: la ley no redime ni protege, y el héroe que la encarna termina destruyéndola con sus propias manos para cumplir con ella en espíritu. El dúo Wyatt-Doc articula una tensión moral que la novela lleva con inteligencia: Wyatt es el hombre de principios que acaba actuando fuera de ellos; Doc, el cínico sin escrúpulos que resulta ser el único verdaderamente honesto, el que llama hipocresía a la hipocresía y lealtad a la lealtad. Krepps escribe con una prosa seca y rítmica, muy cercana al diálogo cinematográfico, y eso es a la vez su virtud y su límite: los personajes secundarios carecen de espesor, el universo femenino brilla por su ausencia total, y la reflexión sobre la violencia —¿puede la ley generar justicia cuando el poder la corrompe desde adentro?— se queda enunciada pero no desarrollada en toda su complejidad. Con todo, la novela logra aquello que las mejores obras del género consiguen: usar el polvo y las pistolas del Oeste para hablar de algo más oscuro y más verdadero, la grieta insalvable entre la norma escrita y la justicia que los hombres sienten en las tripas.













