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miércoles, 16 de marzo de 2022

Policía Sideral. George H. White

 

Novela de George H. White (Pascual Enguídanos Usach, 1923-2006) publicada en 1954 por Editorial Valenciana en la colección Luchadores del espacio con el número 7. Tiene 126 páginas. La ilustración de la cubierta es de José Luis Macías.

Tras la derrota del Imperio Asiático, Miguel Ángel Aznar ha conseguido de los gobiernos de la Tierra y de sus aliados saissais de Venus, la creación de la Policía Sideral, que velará por la paz en los planetas conocidos. Sin embargo, los thorbods, los hombres grises de Marte, se niegan a entrar en esta alianza. Por otra parte, en un asteroide cercano a Marte se ha descubierto un extraño mineral llamado dedona. Éste puede servir para construir la flota de naves espaciales de la Policía Sideral y convertirla en prácticamente indestructible. Miguel Ángel Aznar es encargado por los gobiernos para negociar un acuerdo de paz con los belicosos thorbods. De no ser así, la guerra entre Marte y la Tierra parece inevitable.

Excelente narración de ciencia ficción caliente centrada en la acción y la aventura, alejada de mitologías modernas prefabricadas y sin ningún tipo de coartadas.

lunes, 2 de septiembre de 2013

La horda amarilla. George H. White


Novela de George H. White (Pascual Enguídanos Usach) que constituye el número 6 de la colección Luchadores del espacio de Editorial Valenciana. Fue publicada en 1954 y reeditada en 1974. Cubierta de José Luis.

En esta novela se relata el retorno de Miguel Ángel Aznar y sus compañeros a la Tierra, a bordo del autoplaneta Rayo, aprovechando un nuevo tránsito del planeta errante Ragol por las proximidades del Sistema Solar. Han pasado seis siglos y medio en nuestro planeta mientras para los protagonistas tan sólo han transcurrido cinco años. Los aventureros terrestres están acompañados por un reducido número de saissais, se supone que supervivientes de la feroz persecución de los robots rebeldes de Ragol.

Tal como se encarga de relatarles Ina Peattie, la coronel de las Fuerzas Aéreas norteamericanas que les sale al encuentro, en los seiscientos cincuenta años transcurridos desde su partida han ocurrido muchas cosas en nuestro planeta. Muy acorde con la época en la que la novela fue escrita, recién acabada la guerra de Corea y con la guerra fría en su apogeo, Enguídanos describe un conflicto entre comunismo y democracia, reforzado por una pugna entre oriente y occidente, que se ha saldado ya con cinco grandes guerras atómicas, e infinidad de conflictos menores, sin que existan por el momento ni vencedores ni vencidos, aunque se atisba en el horizonte la inminencia de un nuevo conflicto armado que amenaza con ser todavía más demoledor que los anteriores.

En esos momentos la división política de la Tierra consiste, básicamente, en cuatro superpotencias: Norteamérica, que engloba también al Canadá; la Federación Ibérica, aliada de la anterior, formada por las antiguas repúblicas centro y sudamericanas, junto con España y Portugal; su enemigo acérrimo, el Imperio Asiático, una sombría dictadura que hace mucho tiempo sometió bajo su férula no sólo a la totalidad de este continente, sino también a toda Europa, a excepción de la península ibérica, y a Australia; y, por último, la Unión Africana, encerrada dentro de sus fronteras y ajena, al menos aparentemente, a los conflictos existentes entre los anteriores estados.

Enguídanos describe aquí por vez primera la optimista utopía social comunista (calificada por el autor de cristiana) que constituye uno de los rasgos de identidad más originales de La Saga de los Aznar. Habitando en idílicas ciudades subterráneas susceptibles de ser utilizadas como refugios antiatómicos en caso de una nueva guerra nuclear, los ciudadanos de las dos potencias occidentales viven una existencia feliz como jamás ha existido en toda la historia de la humanidad. Claro está que la amenaza del inminente conflicto se cierne ominosamente sobre sus despreocupadas vidas.

Y la guerra estalla a poco de la llegada del Rayo a la Tierra, a iniciativa de un enemigo asiático calificado por el autor, muy en el espíritu de la época, como la Horda amarilla. Rotas las hostilidades entre el imperio asiático y los dos aliados occidentales, los norteamericanos piden ayuda a los protagonistas dado que éstos cuentan aparte del propio Rayo, una inexpugnable fortaleza volante, con una pequeña flota de destructores y zapatillas volantes que, gracias a su superior armamento y a su blindaje de dedona (el mágico metal que constituye la espina dorsal de la tecnología de La Saga), son capaces de decantar la balanza del lado occidental.

Como cabe suponer éstos aceptan, teniendo una participación decisiva en una apocalíptica batalla aérea librada sobre el propio territorio norteamericano. Finalmente los aliados logran alzarse con una victoria pírrica, puesto que las fuerzas aéreas norteamericanas sufren un serio descalabro en el enfrentamiento con la nutrida flota asiática antes de desbaratarla poniendo en fuga a los escasos aviones supervivientes. Ante la certeza de que la destrucción de la ingente maquinaria militar enemiga requeriría un tiempo y unos esfuerzos desmesurados, Miguel Ángel Aznar propone al alto mando un audaz plan: dado el talante autocrático de Tarjas-Kan, el déspota que gobierna con mano de hierro a sus súbditos sometiéndoles a un régimen de terror, resulta presumible suponer que, aniquilada la cabeza, el régimen se vendría abajo como un castillo de naipes. Así pues, bastaría con realizar una incursión con el Rayo, sus naves satélites y una cobertura aérea norteamericana, hasta la mismísima capital del tirano, Jakutsk, situada en el corazón de Siberia, destruyéndola con todos sus habitantes junto al siniestro emperador. Aunque las defensas de la capital asiática son formidables, considerándosela prácticamente inexpugnable al tratarse de recintos subterráneos, Miguel Ángel Aznar cuenta con una importante baza, los torpedos terrestres inventados por el profesor Stefansson, unas potentes bombas atómicas capaces de horadar hasta las más duras rocas abriéndose camino hasta su objetivo.

Para su sorpresa, sus aliados vacilan. Los militares norteamericanos rehúsan formar parte de la expedición alegando que no pueden permitirse el lujo de sacrificar un elevado número de aviones que necesitan para defender sus propias fronteras. Profundamente despechado, Miguel Ángel Aznar opta por realizar la misma propuesta al gobierno español, que en estos momentos se encuentra embarcado en la reconquista de la sojuzgada Europa. A este lado del Atlántico los ánimos son otros, y los expedicionarios del Rayo reciben toda la ayuda que solicitan.

Rápidamente se realizan los preparativos y, protegidos por una nutrida escuadra ibérica, el autoplaneta y sus naves auxiliares parten sigilosamente rumbo a su lejano destino. Tras verse obligados a librar una nueva batalla ya en territorio enemigo, los destructores de Miguel Ángel Aznar consiguen alcanzar su objetivo y, tras inutilizar las defensas de la capital asiática, disparan sus mortíferos torpedos terrestres. Minutos después la guarida de Tarjas-Kan vuela por los aires, conjurándose así la ominosa amenaza de la Horda Amarilla.

Sin más comentarios, una excelente novela que se lee de un tirón.

viernes, 29 de marzo de 2013

Cerebros electrónicos. George H. White

Cubierta de la edición de 1974

CEREBROS ELECTRÓNICOS es una novela de George H. White (Pascual Enguídanos), que fue el número 4 de la colección Luchadores del espacio de Editorial Valenciana publicado en 1954. La novela volvió a reeditarse en 1974 completamente revisada por el autor. Comentamos esta última edición.

La novela relata los acontecimientos que sucedieron con posterioridad a la partida de Venus del Lanza, rumbo a la Tierra. Todo parece desarrollarse de forma correcta, pero inopinadamente un astro errante (más adelante sabremos que se trata del planeta Ragol) se interpone en su camino atrayéndolos a su superficie.

Tras acercarse a él a una distancia prudencial para estudiarlo, sus tripulantes descubren espantados que el thorbod que llevaban prisionero ha escapado de su encierro, saboteando el sistema de bombeo de combustible. Al no poder encender los motores el Lanza es incapaz de alejarse del planeta, por lo que acaba estrellándose contra la superficie helada del mismo. Aunque gracias a la pericia de Miguel Ángel Aznar todos sus tripulantes consiguen salir ilesos del aterrizaje de emergencia, el avión queda destrozado y completamente inutilizado para volar de nuevo. Aparentemente, los protagonistas están condenados a acabar sus días en el estéril astro cuando se les acabe la comida o, más probablemente, el oxígeno.

Pero las sorpresas no tardan en aparecer. El profesor Stefansson descubre que el pequeño satélite que orbita en torno a Ragol es en realidad una construcción artificial que oficia de lámpara gigantesca para iluminar la superficie del planeta cuando éste se encuentre sumido en las profundas oscuridades del espacio, algo que al parecer ocurre durante la mayor parte del recorrido de su excéntrica órbita. Asimismo recogen unas imágenes de televisión que muestran la existencia de vida en su inhóspita superficie, lo que hace alentar esperanzas de salvación a los náufragos cósmicos.

Rápidamente organizan una expedición en busca de los habitantes del planeta, descubriendo el tren que se introduce en la central eléctrica. Miguel Ángel y Bill Ley penetran en ella y allí son atacados por un robot, al que consiguen inutilizar llevándoselo con ellos al Lanza. Tras desmontarlo, los científicos llegan a la misma conclusión que ya conocíamos: son hombres mecánicos extremadamente sofisticados que reciben la energía eléctrica mediante ondas.

Los náufragos están divididos sobre la iniciativa a seguir, con Harry Tierney partidario de entrar en contacto con los robots y un Miguel Ángel Aznar que desconfía de ellos tras el ataque sufrido en la central eléctrica. Sin embargo no llega a producirse la escisión del grupo, dado que los acontecimientos se precipitan. Un segundo robot, a bordo de una navecilla (las zapatillas volantes como las llaman) ataca a los terrestres matando a Bill Ley antes de ser abatido. La hostilidad de los habitantes de Ragol queda así patente, por lo que los protagonistas deciden abandonar los restos del Lanza huyendo en los dos vehículos aéreos de que disponen, el helicóptero y la zapatilla volante. Mientras tanto han descubierto, gracias a los rótulos existentes en esta última, que el planeta fue colonizado en su día por los saissais, posibles constructores de los enigmáticos robots.

Cubierta de la edición de 1954.

Una exploración del planeta les lleva hasta una ciudad concha, como denomina Enguídanos a las ciudades cubiertas por una cúpula transparente, en la cual logran penetrar los protagonistas sin ningún problema aunque son atacados poco después por un grupo de robots. Tras destruirlos después de una breve lucha, tienen la fortuna de descubrir el centro de control de la ciudad, descrito por el autor como un gigantesco ordenador central que era el que controlaba todas las actividades mecánicas del planeta, incluidos los propios robots. Huelga decir que los protagonistas se apresuran a desconectar todas las centrales eléctricas existentes en el planeta, lo que provoca la paralización del ordenador central y, en consecuencia, de los peligrosos robots...

Y también de la cámara de hibernación donde reposa un puñado de saissais. Horas después los saissais despiertan de su letargo y, tras la sorpresa inicial, aclaran a los terrestres el misterio de su presencia.

Provienen de un planeta extrasolar víctima de una lucha fraticida entre los dos pueblos que lo habitaban, a lo que hay que sumar una catástrofe cósmica que había destruido el sol de ese sistema. Un grupo de saissais supervivientes habían conseguido refugiarse en Ragol, ahora convertido en un planeta errante. Tiempo después Ragol penetró en el Sistema Solar, aprovechando los saissais para enviar a sus jóvenes a Venus donde iniciaron una nueva vida privados de la tecnología que había provocado la catástrofe de sus mayores. Ragol se había vuelto a hundir en las profundidades del espacio, y los saissais que lo habitaban emprendieron la construcción de un vasto emporio tecnológico mientras un grupo de ellos, desencantados del comportamiento de sus compañeros, habían decidido hibernarse hasta que el planeta volviera a acercarse a Venus, ya que deseaban comprobar el resultado del vasto experimento social emprendido varios milenios atrás. Sin embargo, las cosas no habían discurrido tal como estaban previstas debido a la rebelión del ordenador central, que varios siglos atrás había provocado la muerte de sus constructores, respetando a los hibernados probablemente porque desconocía su existencia.

La situación se muestra complicada ya que Ragol se aleja de nuevo del Sistema Solar, pero para sorpresa de unos y otros descubren que la ciudad en la que se encuentran es en realidad una enorme nave espacial cuya construcción había sido iniciada por los saissais que todavía habitaban en Ragol, con objeto de emigrar en ella a Venus. La rebelión del cerebro electrónico provocó que la nave quedara sin terminar y los hibernados no fueran despertados de su letargo, pero ello no habrá de suponer un gran obstáculo para los saissais que, una vez eliminadas las funciones peligrosas del ordenador central, podrán volver a valerse de él para reactivar la industria del planeta, acabar la construcción de la nave-ciudad y viajar a Venus y los protagonistas a la Tierra. Pero para ello tendrán que pasar unos mil años y unos y otros se disponen a entrar en un nuevo estado de hibernación para cuando llegue ese momento. Cuando despierten la Tierra habrá cambiado de una manera que no pueden adivinar.


viernes, 4 de enero de 2013

El planeta misterioso. George H. White


Novela de George H. White (Pascual Enguídanos) publicada en 1953 como el número 2 de la colección Luchadores del espacio de Editorial Valenciana. Se reeditó en 1974 muy retocada por su autor.

Harry Tierney, un próspero empresario aeronáutico norteamericano, ha diseñado un prototipo revolucionario de avión, el Lanza, gracias a la ayuda de sus colaboradores y de Erich Von Eicken, un científico alemán afincado en los Estados Unidos inventor de un nuevo combustible infinitamente más potente que todos los conocidos hasta entonces. Ambos se muestran satisfechos por el éxito obtenido, pero temen, con razón, que su invento pueda caer en malas manos siendo utilizado para la guerra en lugar de para el bien. Así pues, deciden mantenerlo en secreto.
En una de las factorías de Tierney se empieza a construir en secreto el nuevo Lanza, mucho más poderoso y capaz que su hermano menor, mientras sus promotores barajan la posible meta de su viaje. Harry Tierney recuerda la historia que relataron Miguel Ángel Aznar y sus compañeros a su llegada a la Tierra y, aunque no acaba de creérsela del todo, decide que Venus puede ser una buena meta para su viaje. El profesor von Eicken se muestra de acuerdo con él, pero ambos deciden ir más lejos invitando a tomar parte en la aventura al grupo del profesor Stefansson. La mayor parte de ellos aceptan el ofrecimiento y accede a integrarse en la tripulación del nuevo Lanza, que quedará formada por Miguel Ángel Aznar y Bárbara Watt, ya su mujer, el profesor Stefansson, George Paiton y Richard Balmer, junto con Harry Tierney, el profesor von Eicken, su hija Else y los empleados de Tierney Thomas Dyer, mecánico, Edgard Ley, delineante, y Bill Ley, hijo de este último.
El vuelo del Lanza se desarrolla sin percances y, una vez llegados a su destino, los protagonistas aterrizan en la región tropical del planeta poblada de dinosaurios. Los viajeros se encuentran con los saissais, los habitantes de Venus, que montan sobre pterodáctilos. Dos saissai son derribados de sus monturas aladas por los protagonistas al ser confundidos por éstos con los thorbods, los malvados hombres grises de la primera novela de la serie.


Rápidamente se deshace el equívoco y, tras la mutua sorpresa inicial, ambas partes comprenden que han de ser aliados frente al enemigo común. Pese a la barrera del lenguaje los protagonistas consiguen hacerse entender por sus prisioneros que, confiando en ellos, aceptan conducirlos hasta su ciudad. Pero el peligro acecha. Los saissais sufren razzias periódicas destinadas a conseguir esclavos que los hombres grises utilizan en sus minas e instalaciones fabriles. Camino de la capital saissai los terrestres son testigos, sin que puedan hacer nada por evitarlo, de una de estas incursiones en la que, tras inundar la ciudad con gases anestésicos, los hombres grises marchan de regreso a sus bases cargando con sus nuevos esclavos.
Una vez desaparecidos los thorbods, los terrestres entran en la expoliada población, siendo recibidos con todos los honores por sus habitantes, al intuir éstos que los recién llegados puedan ayudarlos a combatir al odiado invasor que lleva en Venus poco más de una treintena de años. Pese al entusiasmo de los saissais los protagonistas no pretenden, ni mucho menos, plantar cara a un enemigo mucho más poderoso que ellos, conformándose con la mucho más modesta pretensión de volver a la Tierra lo antes posible portando, eso sí, las pruebas necesarias (a ser posible un thorbod vivo) para demostrar la existencia de una amenaza contra nuestro planeta, puesto que no les cabe duda de que la Bestia Gris, una vez que haya dominado Venus, intentará asimismo invadir la Tierra. No obstante, deciden hacer un favor a sus anfitriones atacando una fundición thorbod llamada Pore, en la que gimen varios miles de esclavos saissais. Rápidamente organizan una acción de comandos y, encabezado por Miguel Ángel Aznar y algunos de sus compañeros, parte hacia Pore un pequeño grupo de saissais rápidamente entrenados en el manejo de las armas terrestres. Volando en pterodáctilos, mucho más silenciosos que el helicóptero del Lanza, los guerrilleros llegan hasta la central hidroeléctrica que suministra energía a la fundición y la destruyen amparándose en la falta de vigilancia de los confiados thorbods, haciendo lo propio con la vecina emisora de radio. Acto seguido retornan a su refugio y, tras despedirse de sus agradecidos aliados, parten hacia la Tierra llevando con ellos un prisionero thorbod, con la promesa de que volverán dentro de poco al frente de una flota de Lanzas que les permita conjurar la amenaza de la Bestia Gris.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Los hombres de Venus. George H. White


Portada de 1974

Novela de George H. White (Pascual Enguídanos) publicada por Editorial Valenciana en 1953 y que fue el número 1 de su colección Luchadores del espacio. Fue reeditada en 1974 con retoques del autor.

Miguel Ángel Aznar de Soto, un teniente de las Fuerzas Aéreas norteamericanas, veterano de guerra de Vietnam, es destinado a pilotar el avión que transporta a los miembros de una inexistente agencia de la ONU (la Astral Information Office) encargada de investigar la aparición de unos extraños aparatos voladores en una remota región del Himalaya.
El detonante de la misión, que los envía en primer lugar a la India, es la misteriosa desaparición de John Mitchel, un millonario norteamericano, y su hija Carol cuando volaban camino de Teherán, existiendo por medio una jugosa recompensa ofrecida por el hijo y hermano de ambos a quien sea capaz de dar noticias de los mismos. Finalmente varios meses después aparece el millonario completamente demente en mitad de la selva india mascullando de forma inarticulada la frase "Los hombres grises de Venus". La hija sigue sin aparecer, y la recompensa continúa en pie.
Espoleados por el misterio y por rumores de la existencia de avistamientos de platillos volantes en las recónditas regiones del Himalaya, los expedicionarios viajan a Calcuta. Allí, mientras el profesor Louis Frederick Stefansson, jefe de la misión, procede a recabar información sobre el misterioso asunto, Miguel Ángel Aznar entra en contacto con Arthur Winfield, un ex-piloto de guerra antiguo compañero suyo que arrastra una vida de alcoholismo y mendicidad en Calcuta tras haber sido rechazado tiempo atrás por Carol Mitchel, hasta entonces prometida suya. Ambos amigos se trasladan al cuartucho donde reside Winfield con objeto de poder hablar con tranquilidad, encontrándose con la sorpresa de la visita de una anciana tibetana que jura ser Carol Mitchel. Ante las muestras de incredulidad de los dos pilotos, la mujer insiste en que fue secuestrada, junto con su padre, por órdenes de un tal doctor Mattox, siendo trasladados ambos a una remota región del Tíbet donde una reyezuela local (Sakya Kuku Nor) protegía al científico, el cual había procedido a un doble trasplante de cerebros entre ambas de forma que el cerebro de la joven millonaria se encontraba ahora recluido en el decrépito cuerpo de la anciana.
Todavía estaba intentando la mujer convencer a sus dos incrédulos interlocutores, cuando la brusca irrupción de un grupo de desconocidos provoca una batalla campal que se salda con el secuestro de la misma por parte de los intrusos, que dejan atrás, abandonados y doloridos, a los dos amigos. Éstos empiezan a sospechar la existencia de algo raro en todo este asunto, por lo que Miguel Ángel decide comunicarle la peripecia al profesor Stefansson. Éste muestra interés por el asunto y comienza a investigar por su cuenta, descubriendo que el misterioso profesor Mattox es un fugitivo de la justicia, que le persigue por realizar operaciones prohibidas tales como los trasplantes de cerebro. Asimismo este científico había pretendido tiempo atrás a la rica heredera, asumiendo con despecho el rechazo airado de la misma. De todas formas nadie parece conocer a la tal Sakya ni en Calcuta ni en Lhasa, la capital del Tíbet, a donde se desplazan los expedicionarios, acompañados por Arthur Winfield que se ha unido a ellos y por un guía local, siguiendo la nebulosa pista.


 Portada de 1953

Finalmente el profesor Stefansson consigue saber que en una remota aldea del Tíbet los lugareños habrían dado muerte a dos hombres grises tras abandonar, posiblemente a causa de una avería, el platillo volante que tripulaban. Inmediatamente los miembros de la Astral Information Office se dirigen hacia allí en su avión adaptado como hidroavión, aterrizando en el pequeño lago en cuyas orillas se asienta la aldea. Una vez desembarcados descubren con asombro que todos los habitantes de la misma, incluidos niños, mujeres y ancianos, han sido asesinados a tiros. La oportuna llegada de los únicos tres supervivientes, ausentes de la aldea durante la matanza, les permite saber que, efectivamente, dos extraños seres de color gris habían sido muertos por los lugareños y arrojados a un barranco cercano. Los norteamericanos se apresuran a buscarlos, descubriendo con asombro que se trata de dos humanoides extraterrestres.
Cuando regresan a la aldea descubren con estupor la presencia de varios platillos volantes que, tras destruir su avión, les conminan a la rendición, a lo cual acceden ante la evidencia de la inutilidad de resistirse. Los pilotos de los platillos volantes son thorbods, gigantes de piel gris y rasgos extraños similares a los de los dos muertos, pero vienen acompañados por un occidental que resulta ser el piloto del avión en el que viajaban John y Carol Mitchel al ser secuestrados. Los alienígenas, responsables de la matanza de la aldea tal como sabrán más tarde los protagonistas, asesinan a sangre fría a los tres tibetanos supervivientes, pero se llevan con ellos a todos los expedicionarios. Al parecer muestran un especial cuidado en mantener oculta su presencia en la Tierra, lo que augura un porvenir poco halagüeño a los prisioneros.
Una vez llegados al refugio de los hombres grises, comienza a desvelarse el misterio. Éstos, procedentes de Venus, son aliados de Sakya, la reyezuela local, la cual los protege y mantiene su presencia en secreto a cambio de una serie de beneficios proporcionados por sus huéspedes. Sakya acoge asimismo al doctor Mattox, y allí se encuentra prisionera Carol Mitchel. La joven, que se apresura a entrar en contacto con su antiguo novio, asegura que el científico fingió realizar los trasplantes, pero sin llegarlos a hacer en realidad; no obstante, Carol Mitchel (o, por hablar con mayor propiedad, su cuerpo) finge ser la reina ante sus súbditos, los cuales la obedecen a pies juntillas, siendo ella a su vez prisionera de Mattox y los hombres grises. La verdadera Sakya (la anciana), pasando por Carol Mitchel, habría huido del remoto valle llegando hasta Calcuta para intentar convencer, de forma infructuosa, a Arthur Winfield, siendo capturada por sus perseguidores y traída de nuevo allí.
Convencidos aparentemente por la elocuencia de la joven, los protagonistas aceptan el ofrecimiento de ésta de huir todos ellos de allí, para lo cual cuentan con la ascendencia que Carol tiene sobre sus súbditos.
La fuga de todos ellos, incluyendo a Carol Mitchel y al propio piloto traidor, acaba saldándose con éxito; mientras parte de ellos, encabezados por Miguel Ángel Aznar, consiguen sabotear las instalaciones que los thorbods mantenían en el valle tibetano, el resto huye en la avioneta de los Mitchel. Finalmente unos y otros, tras una penosa marcha por el Himalaya, acaban reuniéndose en una población china, tras lo cual consiguen ser repatriados a los Estados Unidos.