Novela de A. Rolcest (Arsenio Olcina Esteve, 1909-1997) publicada en 1971 por Editorial Bruguera en la colección Bisonte serie azul con el número 6. Tiene 126 páginas y costaba 10 pesetas. Miguel García ilustra la cubierta.
La historia sigue a Larry Batson, un ingeniero e hijo de un teniente considerado héroe de guerra, quien se ve envuelto en una red de intrigas relacionadas con un supuesto tesoro enterrado por su padre durante la Guerra Civil. Mientras Larry realiza estudios topográficos en la zona de Herbrom, es acechado por antiguos veteranos del regimiento de su padre y por el ambicioso Gurney Herve, un antiguo desertor que busca apoderarse del botín utilizando fragmentos de un mapa codificado. Con la valiosa ayuda de Ariss, la decidida hija de un ranchero que no teme enfrentarse a pistoleros, Larry logra sortear emboscadas y desmentir los rumores que lo señalan falsamente como un magnate de las finanzas que oculta su fortuna.
Tras descifrar la clave secreta de los mapas de su padre, Larry descubre que el tesoro era en realidad una farsa diseñada para proteger a su familia de la extorsión de Herve, quien había coaccionado al teniente Batson tras amenazar a su esposa e hijo. La confrontación final en los cañones culmina con la captura de Herve y el sacrificio de su esposa, Edore, quien antes de morir proporciona las pruebas necesarias para condenar a su marido y limpiar el nombre del teniente. Al final, Larry rechaza la idea de una riqueza fácil y decide invertir sus derechos mineros reconocidos en la creación de un nuevo ferrocarril, empleando a los veteranos del regimiento y consolidando su relación con Ariss.
La obra presenta una reflexión sobre la integridad y el peso de la herencia, explorando la "encrucijada" moral donde el heroísmo no se define por la gloria militar, sino por el sacrificio personal en situaciones desesperadas. El "tesoro" funciona como una metáfora de la codicia que corrompe los lazos de camaradería, transformando a soldados en "ratas" o "hienas", mientras que Larry actúa como el catalizador que permite a estos hombres recuperar su dignidad como "lobos" trabajadores. El autor subraya que el verdadero progreso no reside en el oro enterrado, sino en la capacidad de discernir el camino recto en los momentos de crisis, logrando que la justicia prevalezca sobre la venganza y la avaricia.
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