Novela de Silver Kane (Francisco González Ledesma, 1927-2015) publicada en 1969 por Editorial Bruguera en la colección Punto rojo con el número 379. Tiene 124 páginas y costaba 9 pesetas. Rafael Griera ilustra la cubierta.
Jezabel Wagram, una joven viuda aparentemente paralítica, vive atormentada en su decadente mansión por la supuesta presencia espectral de su marido Jack, quien murió un año atrás en un terrible incendio automovilístico. Para tratar su condición, el doctor Edgar solicita la ayuda de John Aster, un ambicioso psicoanalista que comienza a presenciar fenómenos inexplicables en la casa, como objetos quemados que aparecen de la nada y melodías de piano que surgen de habitaciones vacías. En medio de este ambiente opresivo, aparece Bigman, un rudo ingeniero de minas que reclama la propiedad de la casa debido a una hipoteca impagada, añadiendo una presión financiera extrema a la ya frágil situación de Jezabel.
El clímax de la historia revela que Jezabel fingía su parálisis y que las apariciones eran una puesta en escena orquestada junto al detective retirado Klener para desenmascarar a John Aster, quien realmente había robado la fortuna de Jack sustituyendo el dinero real por billetes falsos antes del accidente. Tras la muerte de Aster en un intento de huida, la trama da un giro final aterrador: el verdadero Jack, horriblemente desfigurado y enloquecido por las quemaduras, realmente sobrevivió y acechaba en las sombras de la mansión para asesinar a su esposa. La intervención providencial de Bigman, quien vigilaba la casa por protección, termina con la vida del monstruoso Jack y ofrece a Jezabel una posibilidad de redención y paz tras la pesadilla vivida.
La obra de Silver Kane es un ejercicio notable de suspenso que subvierte las expectativas del lector mediante el uso de un doble giro narrativo. Inicialmente, la historia se presenta como un relato gótico de fantasmas y traumas psicológicos, pero pronto se transforma en un intrincado plan de venganza donde la víctima aparente, Jezabel, demuestra ser la mente maestra que manipula la codicia de Aster. La genialidad del relato reside en la dualidad de sus personajes: mientras que el psicoanalista, símbolo de la razón, resulta ser un criminal común, el rudo Bigman termina representando la integridad moral y la protección desinteresada. El desenlace, que introduce a un "monstruo" real después de que el "falso" ha sido explicado, añade una capa de horror existencial que cuestiona si alguna vez es posible escapar del pasado, dejando a la protagonista en un estado de desolación que solo la figura honesta de Bigman parece capaz de mitigar.

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