Novela de Burton Hare (José María Lliró Olivé) publicada en septiembre de 1974 por Editorial Bruguera en la colección La conquista del espacio con el número 214. Tiene 95 páginas y costaba 15 pesetas.
La novela arranca cuando un camionero, Johnny Wilcox, presencia el aterrizaje de un objeto volador no identificado en una carretera solitaria y queda profundamente marcado por el encuentro con una figura alta, delgada y casi transparente. Trasladado a una gran base espacial donde se prepara la primera expedición humana a otro mundo, es interrogado por el científico Sidney Bannister, quien sospecha que los avistamientos de OVNIS llevan décadas siendo reales. A partir de ahí, el foco se desplaza al triángulo formado por Bannister, la doctora Samantha Hegan y el físico Larry Hobbins, prometido de Samantha: Hobbins empieza a mostrar un comportamiento errático, frío y amenazante, incompatible con su carácter habitual, mientras a su alrededor se multiplican las muertes violentas —agentes de seguridad, un granjero y su esposa— a manos de seres fosforescentes y semitransparentes armados con un rayo mortal.
Bannister, cada vez más convencido de que Hobbins ha sido suplantado por uno de esos invasores, investiga en paralelo su creciente atracción por Samantha. La trama se resuelve con el hallazgo de una nota desesperada escrita por el verdadero Hobbins, en la que revela que su cuerpo y su mente fueron usurpados por la criatura alienígena, y con la caza y destrucción final del ente por parte de las patrullas de la base. La novela cierra con Bannister y Samantha, ya liberados de la amenaza inmediata, abrazándose ante la incertidumbre de si los invasores volverán y ante la inminencia del viaje espacial que debe salvar a la humanidad.
Es una space opera de bolsillo típica de la Bruguera de los setenta: economía narrativa, capítulos cortos y una trama que combina invasión alienígena, body-snatching y romance de forma bastante esquemática. La ciencia funciona como decorado —naves, rayos, comunicadores— sin mayor rigor especulativo, y los personajes femeninos están descritos casi exclusivamente en clave física y sentimental, algo habitual en el pulp de la época pero que hoy se lee con distancia. El punto fuerte es su ritmo: escenas de terror bien resueltas (el hallazgo del cuerpo mutilado, la nota final de Hobbins) que aportan tensión efectiva pese a la brevedad del texto. En conjunto, funciona como entretenimiento de género correcto y nostálgico más que como obra de ambición literaria; su interés hoy es sobre todo documental, como muestra del ecosistema editorial de novela popular española de ciencia ficción de los setenta.

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