Novela de Frank Lewis (Orlando García Mateos) publicada por Editorial Bruguera en 1966 dentro de la colección Servicio Secreto con el número 806. Tiene 124 páginas y costaba 8 pesetas. Antonio Bernal ilustra la cubierta.
Es una novela de intriga y espionaje ligera, típica del pulp de mediados del siglo XX. El profesor Arthur Murray, un joven historiador universitario que sale de vacaciones, se ve arrastrado a una trama de asesinato y espionaje cuando presencia el crimen de Alan Drill en un tren y recibe de él, moribundo, un documento secreto que debe entregar a un tal Patrick en Chicago. A partir de ahí, Murray se convierte en objetivo de una banda encabezada por el falso "Carroll" (en realidad James Webb), que persigue el documento mediante amenazas, emboscadas y persecuciones, mientras el inspector Ferguson investiga el caso sin saber toda la verdad. La novela combina la acción trepidante —peleas, tiroteos, huidas— con elementos de comedia costumbrista, como las escenas familiares con su amigo Jack y su esposa Nancy, y con el romance incipiente entre Murray y Minella.
El desenlace lleva a Murray y a su nuevo aliado Horace hasta la villa del profesor Sluggett, supuesto destinatario legítimo del documento, donde se revela que también él pretendía venderlo al mejor postor. Tras un tiroteo final en el que mueren varios de los villanos, Murray decide quemar el documento —cuyo contenido nunca se explicita del todo, aunque se sugiere que es un descubrimiento científico peligroso— para evitar que caiga en malas manos. La historia se cierra con la boda de Murray y Minella, un cierre feliz y algo apresurado que remata la aventura con un tono ligero pese a la violencia acumulada.
Es una novela de acción funcional y entretenida, pero de escasas pretensiones literarias: el estilo es directo y sin adornos, los personajes son arquetípicos (el héroe atlético e intachable, los villanos codiciosos y sin matices, la heroína apenas esbozada) y la trama avanza a golpe de coincidencias convenientes —Murray sobrevive a cada emboscada casi sin esfuerzo, y el inspector aparece justo a tiempo en el clímax—. El McGuffin del documento nunca se define, lo que resta peso a la tensión central de la historia. Con todo, cumple bien su propósito como thriller de evasión: ritmo ágil, capítulos cortos y una alternancia eficaz entre suspense, acción física y comedia romántica, en la línea de las novelas de kiosco de la época, sin aspirar a la complejidad psicológica o narrativa de autores contemporáneos como Chandler o Christie.

No hay comentarios:
Publicar un comentario