viernes, 25 de septiembre de 2026

El jeroglífico (Angel Esquire). Edgar Wallace

Novela de Edgar Wallace (1875-1932) publicada en 1908. Editorial Molino la publicó en 1944 con traducción de José Mallorquí dentro de su colección Biblioteca Oro con el número 152. La reeditó en 1964 en la colección Selecciones de Biblioteca Oro con el número 222. Tiene 222 páginas. La ilustración de la cubierta es de Noiquet (Joan Beltran Bofill).

El relato arranca con la construcción de un extraño edificio en Lombard Street, encargado por el viejo Reale, un antiguo dueño de garitos que ha amasado dos millones de libras estafando a incautos. Esa misma noche, en su casa de Terrington Square, Reale recibe la visita de Jimmy, un ladrón elegante y antiguo cómplice suyo, y poco después irrumpe Massey, otro socio de sus tiempos de casino. En el forcejeo, Massey apuñala a Reale y muere electrocutado al intentar forzar la caja fuerte; antes de expirar, el anciano le entrega a Jimmy un papel con un verso enigmático: la clave de un escondite que reparte la fortuna entre cuatro herederos posibles, entre ellos la joven Kathleen Kent, hija de una de sus víctimas. A partir de ahí, la trama se convierte en una carrera de ingenio entre Jimmy, el astuto detective aficionado Christopher Angel (de Scotland Yard, aunque nunca ha sido policía de oficio) y la banda de los "Borough Lot", liderada por el peligroso Connor, todos tras descifrar el críptico acertijo que esconde la combinación de la gran caja fuerte suspendida en el edificio.

La novela combina el enigma detectivesco clásico —cifrado, trampas mecánicas, testamentos excéntricos— con el folletín de aventuras y una trama romántica entre Jimmy y Kathleen que se resuelve en las últimas páginas, cuando él decide abandonar su vida de ladrón "por el gusto del juego" y ella le pide que se quede en Londres en lugar de partir al Congo. El detective Angel funciona como comentarista irónico de toda la acción, resolviendo pistas con desparpajo mientras finge desinterés, y es él quien acaba orquestando el desenlace feliz de la pareja tanto como el de la caja fuerte.

Es una novela de entretenimiento puro, representativa del thriller eduardiano y de la prolífica (y algo mecánica) producción de Wallace: la trama se sostiene más en golpes de efecto —trampas ingeniosas, coincidencias oportunas, diálogos chispeantes— que en una construcción de personajes profunda o en una lógica deductiva rigurosa al estilo de Doyle o Chesterton. Christopher Angel es un detective memorable por su carácter desenfadado, pero el "misterio" del criptograma se resuelve con más suerte narrativa que con pistas que el lector pueda seguir realmente, y el giro romántico final se siente más obligatorio que orgánico. Como pieza de arqueología del género policiaco británico, sin embargo, tiene interés: anticipa el gusto posterior por el detective excéntrico y el villano organizado en banda, rasgos que Wallace explotaría con más pulso en obras posteriores.

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